Entre putas y políticos bailaba el periodista

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“Hay que ver, qué bonito es el onírico mundo de los sueños, el mejor trabajo siempre ha sido, y será, ser funcionario del Estado, pese a quien le pese”, me recriminaba un compañero cuando en primero de carrera, pobre ingenua, fardaba de profesión más bonita del mundo. En los tiempos que corren, no creo el periodismo sea la profesión más bonita del mundo, pero sí una de las más sangradas.

En los últimos cuatro años, fecha en la que se inició la crisis por la caída de la inversión publicitaria, unos 57 medios de comunicación han cerrado en España y no son pocos los que han adelgazado sus redacciones, según informó a mediados de 2012 la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). Sin ir más lejos, la semana pasada, el cuadernillo de El País en Galicia veía reducidas sus ocho páginas diarias a dos tristes hojas, como consecuencia de un ERE realizado por la empresa que ha costado el puesto de trabajo a 149 profesionales, sin mencionar las reducciones de salarios.

Por otra parte, los despidos en la televisión pública, la recolocación de personal afín al nuevo Gobierno, cuyo rigor informativo deja mucho que desear, el regreso de los trajes de luces y la “cultura” taurina a las pantallas domésticas hacen que me pregunte cuánto tardarán en volver los anuncios de antaño, cuando se le vendía la fregona a nuestras madres y abuelas como la mejor amiga para la mujer. Un dato esperanzador es que la edición de la sobremesa en La 1 ha perdido en septiembre 243.000 espectadores con respecto a junio, menos tranquilizador es que esa audiencia se ha trasladado a Telecinco, premio a la cadena cotilla por excelencia.

Con esto, quiero decir que asistimos a una caza de brujas entre los plumillas y a una degradación paulatina de la profesión que la deja a la altura del betún ¿Las grandes lacras que nos persiguen? El paro, la precariedad laboral, la publicidad, los empresarios, los políticos de turno, la rutina, y probablemente se quedan en el tintero muchas más.

Dosis de bazofia

Inevitablemente la política se ha infiltrado en las maquetas de las redacciones, en los VTR y en los cortes de radio. No cabe duda de que es necesario informar sobre ella, puesto que las decisiones que toman los grandes mandatarios afectan de lleno a la sociedad, pero de ahí a politizar tu página día sí, día también, a darle voz a fulano, mengano y citrano, promoviendo así sus campañas en los medios, hay un paso. En la actualidad, estos personajes, más que políticos parecen tertulianos de los corralitos de la televisión. En vez de proponer alternativas no saben hacer otra cosa que recriminar a la oposición lo que ha hecho y lo que ha dejado de hacer.

La información es poder y precisamente el periodismo siempre ha sido tildado de “cuarto poder”, por algo será. En este sentido se define como “una plataforma de soporte informativa dirigida a guiar a las masas”. La responsabilidad de la figura del periodista es mucha, así que, si tenemos los medios para hacerlo, tenemos la última palabra y el punto final, ¿por qué no empezamos a cambiar el modo de informar? ¿Alguna vez os habéis preguntado qué pasaría si dejásemos de darle coba a “ellos”?

A menudo, olvidamos que la profesión parte de una vocación social. No creo que exista mayor satisfacción que la de contribuir con tus piezas informativas a difundir en la sociedad temas eclipsados. Personalmente, no tengo otros motivos para ejercer de periodista que los de dar voz a aquellos que yacen escondidos a la espera de que alguien se fije en sus inquietudes y actividades, de que alguien les proporcione la oportunidad de dar a conocer su realidad. Nos debemos a la sociedad, es por eso que se merece historias más interesantes que un continuo bombardeo de bazofia política.

Hipocresía descarnada

El 3 de mayo es el día en el que todas las facultades de periodismo celebran su patrón, es el día de la libertad de expresión. ¡Qué bonito es redactar y leer delante de los universitarios manifiestos en su defensa! En su demagogia barata te repiten hasta la saciedad que tienes que luchar por la profesión, que tú puedes cambiar la situación, buscan removerte la conciencia, cuando en realidad son ellos los que tienen la sartén por el mango y, no todos, pero acomodados en su rutina son los primeros que dejan de salir a la calle a por historias.

“Sabemos lo que significa contratar a periodistas sin remuneración o con un salario indigno”.

¡Y tanto que lo sabéis! Aceptáis que se firmen contratos basura y realizáis convenios con diversas instituciones en los que la primera cláusula es: “La empresa no está obligada a remunerar su actividad”. Por el sueldo de un redactor se contrata un buen rebaño de becarios, pero el 3 de mayo se leen manifiestos en los que un justo apartado está dedicado a ellos. Sinceramente, se me caería la cara de vergüenza si tuviera que ponerme mis mejores galas para predicar en contra de la precariedad laboral, y justo enfrente, las personas que trabajan gratis en tu empresa.

Está claro, la gente joven puede vivir del aire, pero también con 200, 300 o 400 euros. No tienen gastos porque no tienen cargas familiares. Tener un coche es un privilegio. Y les encantar la idea de vivir en casa de sus padres hasta los 30 años, que la comida de mamá está muy rica, y la de la abuela… Porque no, no quieren viajar, tampoco quieren independizarse y en su futuro la idea de formar una familia ni se contempla. Además, están en la edad de dar tumbos de un lado a otro.

“-QUE los Gobiernos y las instituciones no pueden mirar hacia otro lado cuando empresarios sin escrúpulos quieren convertir un espacio de libertad, como es un medio de comunicación, en un taller de esclavos ofreciendo empleos sin remuneración”.

Dicen que cuando el barco se hunde, solo se salvan las ratas. Ellos no miran hacia otro lado, en este país, empresarios y Gobiernos caminan de la mano para moverse al sol que más caliente. Los medios de comunicación son empresas, y como tales, además de contemplar entre sus objetivos la elaboración de un producto, tienen como otros fines el de mantenerse, la obtención de beneficios, así como la expansión de su actividad. El empresario busca rentabilizar su producción, en este contexto de crisis, busca subvenciones hasta debajo de las piedras, se vende al mejor postor publicitario sin pensar en si aquel redactor necesitará más o menos espacio para su reportaje.

En la era de la información, los políticos se valen de los medios para llegar a la población. Aprovechando que muchos de ellos dependen de las ayudas que les proporciona el Estado, saben que podrán mover los hilos según les convenga. Que si hay un mitin de Rajoy en Bilbao, hizo un pleno al 15, que si hay uno de Rubalcaba en A Coruña, “hubo que retirar hasta 100 sillas para evitar la sensación de vacío” (visto en los informativos de Antena 3 el sábado 13 de octubre). Round one: Fight! Está de moda dedicar un espacio televisivo a los “debates” electorales. Pero dicha contienda se queda en un pobre cara a cara entre PSOE y PP, será que el resto de las fuerzas políticas no tienen nada que decir.

En definitiva, entiendo el periodismo como algo más que una profesión y es triste ver cómo se degrada (lo degradan) cada día más y más. Aunque sea una de las principales lacras que asolan este mundillo, dejemos ya de echarle la culpa de la crisis del periodismo al empresario y empecemos a arreglar esto desde dentro. El futuro de la profesión está en las manos de los periodistas.  Es muy fácil escribir 140 caracteres predicando la libertad de prensa y el derecho a la información, cuando probablemente lo hagas desde un mullido sillón, en tu pecera particular de la redacción y no te falte en el bolsillo una bonita nómina. Son muchas las voces críticas, ¿cuántas hacen algo por cambiarlo?

Soy libre para escribir sobre los temas que me apetecen, los redacto en función de mis criterios y nadie me dicta que debo retirar tal o cual palabra para no ofender a ciertos apoderados, pobrecitos. Pero soy libre aquí, no en ningún medio. El periodismo democrático, digno y plural hace tiempo que baila al son de los proxenetas de la información.

Trampolín al abismo

Y tú,

tú vives en una realidad edulcorada

empapada por tintes de falsa occidentalidad que

dañan tus raíces;

intoxicadas

por redes de narcotráfico, migración y prostitución,

viajan errantes coloreando la esperanza.

“Se nos llena la boca hablando de ella”

Ni te nutres de palabras ni de melodías que se quedan en mediocres florituras. Y de tanto hablar de ella la inspiración se apaga, que yace abandonada y de ella la mirada apartan. Rellenas páginas vacías y a la mínima te olvidan. Tus promesas no valen en una tierra castigada.

El Rif, Tensaman, Nador, Zaio