Cíes, paraíso maltratado

Recén chegada de pasar catro días estupendos nas illas Cíes, volvo relaxada á vez que indignada. Cando un turista decide viaxar ata esta bonita paraxe da ría de Vigo leva en man unha pequena bolsa de plástico, así como un folleto explicativo sobre o que atopará neste Parque Nacional. E vou ao gran, no epígrafe ‘Consellos e seguridade’ atopamos o seguinte:

  • Leve unha bolsa para os seus residuos, que deberá depositar fóra do parque, pois nas illas non hai pequenos colectores.
  • Circule só polo camiños destinados ao seu uso público.
  • Non se achegue demasiado aos acantilados, é perigoso.
  • Atenda ás indicacións de guías, vixilantes e gardas.

Coido que as normas son bastante claras. Ben, semella que non o son tanto para determinadas persoas que coincidiron estes catro días comigo nas illas. 

Se ben esperaba atopar un remanso de paz, en canto pisei o peirao as miñas expectativas caeron en picado: illas masificadas. Seica a Xunta vai investigar (futuro) ás navieras para controlar que non excedan o número de persoas establecido. Unha vez máis, o vello conto de cada verán. O penúltimo día da miña estancia no balcón do Atlántico daba gusto ver as colas kilométricas que ateigaban o embarcadoiro e os barcos a tope, nin que foran facer as Américas. 550 persoas nun, botemos contas de todas as viaxes que fan ao día e a ver se estamos por debaixo, ao límite ou un pelín por riba.

Praia de Rodas

Praia de Rodas

Seguimos de escapada. Sorte que eran as 9.15 da mañá e había un carro no peirao esperando por medio centenar de campistas. Aquí a experiencia vale ouro. Collémolo nós. Os outros carros dispoñibles están mellor aparcados no camping, pois aqueles aos que lles fixo o servizo de levar a tenda, as neveiras e mochilas, non pensan que o ideal é levalo de volta e deixalo no lugar no que o atoparon, pois outros campistas veñen tan cargados como eles. Eu enténdoos, son 15 minutos volvendo sobre os seus pasos co carro baleiro.

Nada máis chegar ao espazo habilitado para a acampada, aqueles que saiban ler fixaranse nos carteis que indican que as bolsas do lixo deberán, ou ben manterse no interior das tendas ou ben depositalas nos colectores, en definitiva, o que faría calquera persoa cun mínimo de senso común. Mais non sei se por falta de civismo ou quizais analfabetismo, non son poucos os que deixan as bolsas plásticas atadas na porta da tenda, ás árbores ou aos tendais improvisados. E ben cheas, iso si, cotizado manxar para as gaivotas do lugar, a merda remata espallada entre as tendas dos demais.

E ai… ai as gaivotas! Eses animaliños dos que non son nada devota, mais son quen de comprender que están no seu fogar. Son sucias, ladroas, e barulleiras as que máis, pero en todos estes anos nunca tivemos ningún incidente con elas. Basicamente, porque…

a) deixámolas en paz  b) non lles botamos comida c) non as ameazamos

Normal que lle rouben a comida a aquel que lla pon diante do nariz, que parvas non son. Normal que vaian por ti cando lles tiras a dar un cubiño de xeo ou se te achegas demasiado aos seus poliños, e tamén normal que entren na tenda cando deixas a comida ben á vista e a porta entreaberta convidándoas a pasar, así, sen máis.

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Illa de Monteagudo

Podería seguir enumerando a cantidade de barbaridades e irresponsabilidades que vimos alí este ano e o texto non tería fin. Dende un neno facendo caca na praia da Nosa Señora e a nai tapándoa coa area, ata un tampón nunha ducha, cisternas ateigadas (e non por falta de limpeza, senón por guarrería da xente), sendeiros abertos saíndose do roteiro establecido, un pai co seu fillo baixando do espigón polas rochas na zona de mar aberto para coller caranguexos, etc… en definitiva, o noso paraíso maltratado.

Se os visitantes que van as Cíes non levan educación da casa, haberá que darlla. Se non saben ler, alguén terá que mantelos informados das normas do Parque. E se non fan caso, chegados a este punto, considero que algún debería plantexarse a opción de incrementar a vixilancia e mesmo impoñer certas sancións, por exemplo ‘dinerito’, que iso é o que doe, a esta xente que non valora un dos grandes tesouros da ría. Coidemos o noso e ensinemos a respectalo, porque se non somos nós, é máis que evidente que non, non serán os de fóra os que o fagan. E polo que vexo, non son a única que pensa así.

[REC] 3,2,1… apaga la cámara

Recupero un texto abandonado. ¿Aún no habéis visto REC 3? Pues “vais a flipar“, tal y como asegura la novia (Leticia Dolera). Batidoras con sonido de motosierra, novios que se defienden de la pandemia uniformados con la armadura de Sant Jordi, zombies que imitan saltos que recuerdan a Matrix o secuencias de caza con Eloise de Tino Casal sonando a modo de banda sonora.

Lejos de ser una película de terror, nos encontramos ante el intento de comedia más malo que he visto en mi vida, por eso digo que vais a flipar. No es que me haya llevado una gran decepción, no soy seguidora de la saga, de hecho, solo he visto la primera, pero si lo fuera, creo que me sentiría bastante timada con esta producción.

El cine de terror, hoy por hoy, no es uno de los géneros que más me atraiga (confieso que en plena adolescencia era el único tipo de películas que cogíamos en el videoclub). Es por esto que ya no es la primera vez que me encuentro con películas que se venden como films de miedo, y si consiguen que esboces una sonrisa, es un paso, aunque si te dejas la cartera en ella, no creo que te haga mucha gracia. Una de ellas fue la de “El bosque” (2004) de M. Night Shyamalan, en el trailer se vendía como cine de terror y fue una decepción absoluta, algunos dicen que es una maravillosa parábola del poder del miedo, no seré yo quien les quite la razón.

“[REC 3] Génesis” es otro engaño de la industria del cine de terror. El día que la vi, de por sí, no pronosticaba un final feliz. Una boda con Clara y Koldo (Diego Martín) como principales protagonistas del “Sí quiero“, así como del supuesto infierno que se desatará en horas posteriores al enlace. En esta ocasión, los amigos, familiares y demás encargados del evento sucumben a la infección, la trama transcurre en un espacio abierto y patatín y patatán, la película se hace eternamente eterna.

Para empezar, analicemos el título. Génesis quiere decir origen, principio, serie de hechos y factores que intervienen en la formación de algo. Al llevar esta palabra como tremendo titular, el espectador pensará que por fin se darán las claves de la saga en esta producción, o que la tan ansiada explicación lógica resolverá una historia de 3 patas. Lo cierto es que esta tercera parte no aporta nada a la idea principal, tan solo es una historia que transcurre en paralelo a la primera parte, sin explicaciones del origen del virus, sin posibles curas, etc, etc.

Creo que una de las principales características y el punto fuerte de REC era la cámara subjetiva. REC 3 rompe por completo las reglas del juego, ya que a la media hora se abandona este formato. Quizás el director no lo consideró importante, de hecho, afirmaba en una entrevista que la forma en la que están rodadas las películas no eran una seña de identidad, no estoy de acuerdo, para mí era una de las esencias más representativas y lo que marcaba la diferencia. Y lo hacía porque le daba al film una apariencia de realidad muy importante.

Plaza habla de humor, yo por más que lo busco, no lo encuentro. En el cine algunas tímidas risas de vez en cuando rompían el enfado general, yo resoplaba todo el tiempo porque estaba tirando una hora y algo de mi vida por la borda con una serie de sin sentidos que no me aportaban nada. Sangre, sangre hay para donar y donar, el contraste con espacios blancos queda muy bonito, pero el terror no es sangre. Hora y pico de zombies carniceros de broma de los que te ríes por no llorar de lo patéticos que son.

Lo mejor

Aunque no quedan ganas de ver la parte positiva, hay que ser objetivos y destacar  la interpretación de Leticia Dolera, que en su papel de novia terminator borda al milímetro cada secuencia. Quizás sus caras, gestos y movimientos es lo que realmente infunde terror  aquí. La naturalidad con la que encarna a Clara, una novia que está dispuesta a disfrutar del que se supone que será el mejor día de su vida, pero que saca a su bestia interior para convertirse en una carnicera con tal de lograr el objetivo de reecontrarse con su marido.

Una de las escenas en la que hace gala de su espontaneidad es el discurso de agradecimiento a los familiares asistentes, algo que aporta credibilidad al contexto en el que se enmarca la historia. Su interpretación contrasta con la de Diego Martín, al que no dejaba de visualizar en toda la peli como Carlos de Aquí no hay quien viva. Para mí, la actriz es el punto más fuerte de REC 3, y el único.

También me quedo con la escena en la que Koldo ve a través de las cámaras de seguridad el intento de huida de varios familiares con los niños del convite, que tratando de escapar de la masacre se meten en un autobús, es decir, en la boca del lobo. Es una de las pocas secuencias que encontramos a lo largo de los 77 minutos con una gran carga de dramatismo, el factor niño es lo que tiene.

Tampoco desecho del todo la idea del argumento, ya que el escenario de una boda se presta al formato de REC, en cuanto al tipo de  grabación, aunque Plaza rompe el filmar en primera persona a la media hora de película para pasarse al formato tradicional, de esta forma el espectador conoce en todo momento la historia de los novios por separado y no se limita a un solo protagonista, además de adquirir la postura tradicional de saber más que los personajes y no el ser un prota más, pero lo que podría ser puntuado como positivo queda en un mal sabor de boca si tenemos en cuenta cual era una de las principales características de esta saga.

Sinceramente, para haber hecho esto, era mejor que REC hubiera apagado la cámara. Me pregunto si la cuarta transcurrirá en una reunión de políticos, economistas… Aunque eso implicaría que nosotros seríamos los zombies, pero a eso, ya estamos acostumbrados.

Y la cigüeña llegó a Dublín

Reconozco que soy bastante reacia a comprar o leer libros de los que no tenga una referencia o de autores que sean desconocidos, pero Bajo el cielo de Dublín (Minding Frankie en su título original) llegó a mis manos fruto de la casualidad de un regalo navideño. Precisamente se guiaron por mi reciente estancia en dicha ciudad y lo cierto es que acertaron.

La novela podría incluirse en el cajón de lecturas fáciles: tiene gancho, la lees de un tirón y concluye con el más que recurrido y conocido happy end, pero con matices. Aunque citando al Sunday Times “Aquí hay magia“, y eso no se puede negar. Si hay algo por lo que la novela destaca es por la detallada ambientación y caracterización de los personajes, protagonistas que son sacados de la vida misma, historias que conmueven a la vez que entretienen, aunque algunas sean un poco extravagantes.

Así, en líneas generales, Bajo el cielo de Dublín es la historia de Frankie, una niña que aún no ha nacido, pero que ya ha puesto patas arribas la vida de muchas personas. Stella, su madre, inicia una búsqueda desesperada por encontrarle un hogar, ya que su situación no es precisamente muy adecuada. Y así es como la cigüeña llamó a la puerta de Noel, su padre, que atraviesa uno de sus peores momentos, ya que es alcohólico y económicamente no es solvente.

Pero poco a poco, en el relato van confluyendo una serie de personajes que inicialmente parte de un segundo plano, pero llegarán a ser vitales para el desarrollo de la acción, ya que se convertirán en pilares básicos en los preparamientos para la llegada de la pequeña a la capital irlandesa. Lisa, la compañera de piso de Noel que ayudará a criar a Frankie con su padre; Emily, una prima suya de Estados Unidos que, en busca de sus raíces, acabará haciendo de Irlanda su nuevo hogar y se convertirá en imprescindible para todo el barrio de Chestnut Court. Por otra parte, también encontramos a Moira, una trabajadora social que está al acecho controlando todos y cada uno de los pasos de Noel, nos guste o no, Moira es otro de los personajes clave. De esta forma, los protagonistas y los secundarios tejen una tela de araña de relaciones personales que acaba conectándolos con la pequeña Frankie.

Si bien es cierto que Blinchy acierta en las descripciones de los escenarios en los que se desarrolla la acción, creo que no lo hace a la hora de escogerlos,ya que los bares o restaurantes irlandeses apenas tienen cabida y a los que se hace referencia son restaurantes italianos. Creo que habría acertado eligiendo lugares más típicos o propios de la ciudad y de la cultura irlandesa, ya que de esa forma lograría caracterizar mejor la novela.

A lo largo del libro nos encontramos con que el argumento es una continua montaña rusa, algo que se mantiene hasta cuando solo faltan 10 páginas para llegar al final. Aunque podríamos calificar a este como un happy end, tiene algunos matices. El final deja muchos cabos sueltos sujetos a la libre interpretación de cada lector, que a la vez que deja un buen sabor de boca por la carga emotiva que suponen las últimas líneas, deja también una sensación de vacío, desde mi punto de vista, demasiado importante.

Maeve

The New York Times la describe como “una escritora con un talento muy especial“. Nacida el 28 de mayo de 1940 en el condado de Dublín, Maeve Binchy es una popular escritora, considerada por algunos una simple escritora de novela romántica, quien sobre todo destaca por sus valiosas descripciones de ambientes, personajes y situaciones representativos de Irlanda. En algunas de sus obras, como Tara Road o Heart and Souls se repiten algunos personajes.

Binchy trabajó de maestra y posteriormente como periodista, antes de dedicarse por completo a la literatura. Ha escrito 20 novelas y sus ventas se sitúan ya en más de 40 millones de ejemplares.

Su libro más conocido es Círculo de amigos, que en 1995 dio lugar a una adaptación cinematográfica, bastante libre, del especialista Pat O’Connor, con Chris O’Donnell y Minnie Driver. Casi todas sus obras se ambientan en Irlanda y principalmente abarcan los temas de las relaciones personales entre familiares, amigos o parejas.
Su último trabajo, Bajo el cielo de Dublín, me deja un buen sabor de boca y aunque no puedo juzgar a Binchy, ya que este es la primera novela que leo de su colección, creo que su estilo es el de las lecturas apropiadas para los días de playa, la época de exámenes o para leer en el sofá al llegar de trabajar.

La catarsis después del libro: Truman Capote

En este mundo; hoy, mientras estamos vivos, algunos dicen de nosotros lo peor que pueden decir, pero cuando estemos muertos y dentro de nuestras cajas, vendrán a deslizar flores en nuestra mano. Querrías tú darme flores ahora, mientras aún estoy viviendo…”                                                                

In Cold Blood, Truman Capote

Herbert, Bonnie, Nancy, Kenyon, cuatro miembros de una familia, cuatro muertos.  En noviembre de 1959, dos hombres irrumpían en la granja de la familia Clutter para matar brutalmente a su propietario, a su esposa y a dos de los hijos del matrimonio, con motivo de  hacerse con la “gran fortuna” que se suponía que poseían.

Un crimen que conmocionó a toda la comunidad de Holcomb, en el estado de Kansas, y a toda la nación estadounidense, un crimen salvaje y poco menos que gratuito, ya que la muerte de cuatro personas solo reportó a los criminales un botín de apenas  unos 40 dólares. Pero la masacre proporcionó a un periodista norteamericano el argumento perfecto para una de las más maravillosas novelas que jamás se haya escrito.

Fueron 6 años los que Truman Capote dedicó a reconstruir la tragedia, en parte por la prolongación de la condena de los asesinos en varias ocasiones, ya que fueron condenados a la horca en 1960, pero se impugnó el veredicto alegando injusticia en el proceso y se volvió a abrir el caso hasta que en 1967 se ejecutó la sentencia. Con una gran labor de documentación, rigurosa y exhaustiva, junto con las insaciables entrevistas que realizó en el pueblo y a los asesinos, Capote daba vida a su novela de mayor éxito mundial: A sangre fría.

El escritor anticipa al inicio de la obra:

“Todo el material que empleo en este libro, cuando no corresponde a mi observación directa, procede de archivos oficiales o es resultado de mis entrevistas con personas directamente interesadas en esta historia, entrevistas que, en la mayoría de los casos, se repitieron durante un tiempo indefinido. Como esos “colaboradores” figuran en el texto, sería pecar de redundancia nombrarlos también aquí, pero, no obstante, quiero expresarles mi gratitud porque sin su paciente cooperación, mi tarea hubiera sido imposible….

Y final y muy especialmente, al señor William Shawn de The New Yorker, que me animó a emprender esta tarea y cuyos consejos tan útiles me fueron desde el principio hasta el final”.

In Cold Blood

Paralelamente a la investigación del crimen, Capote muestra cómo se desarrolla la vida de los asesinos, sus viajes, sus experiencias, y profundiza en sus personalidades. A lo largo de la novela las dos historias, lo que sucede en el pueblo y la vida de los asesinos, se intercalan; constantemente se producen cambios de escenarios. La forma en que Capote estructura el relato nos traslada a una butaca enfrente de la gran pantalla, ya que la técnica recuerda a la utilizada en las películas.

Pero si hay algo por lo que se caracteriza la novela A sangre fría es por un realismo llevado hasta los extremos, derivado de la  gran cantidad de documentación que consiguió el autor a través de las declaraciones de los habitantes de Holcomb. Echando mano de entrevistas con los familiares de las víctimas, los vecinos del pueblo, la policía e incluso con los criminales, Truman Capote reconstruye la trágica historia que conmocionó a la humanidad.

En esta novela se da una perfecta combinación entre realidad y  literatura; Capote pasó varios años recogiendo la documentación imprescindible para su obra,  fue tirando del hilo y siguiendo el rastro de un crimen con las entrevistas a prácticamente todo el pueblo. Cada detalle, cada pista, por muy pequeña que fuera, quedan reflejados en la novela. El autor se mete en la piel de cada personaje, en sus sentimientos y pensamientos, pero con Perry Smith consigue fusionarse, quizás porque, en cierto modo, se sentía identificado con él. Pero lo más destacable es que consigue reconstruir a las cuatro víctimas como si él fuera un vecino de la comunidad de toda la vida, el lector llega a conocerlas hasta el punto de sentirse acongojado en el momento de los asesinatos, y realmente, da miedo.

 El mismo efecto consigue con Perry y Dick, los asesinos. Capote hace una caracterización tan detallada que llegamos a familiarizarnos con ellos y sentimos lástima por su situación, algo que a él mismo le sucedió, sobre todo con Perry, al que llegó a considerar su amigo. El hecho de que Truman Capote se centre en la psicología de los criminales y que nos haga ver su lado más humano desnudándolos y dejando entrever sus emociones, sus miedos más profundos o sus proyectos de futuro, nos invita a reflexionar sobre la pena de muerte, condena inevitable para todos los que cometieran un crimen por aquel entonces en Estados Unidos, y de alguna forma se nos plantea una cuestión moral: ¿deben Dick y Perry pagar sus crímenes con su propia vida? Capote deja muy claro que él no lo cree, en ningún momento se encuentra una crítica hacia ellos, él consigue que conozcamos a dos personas y no a dos asesinos.

La descripción detallada es una constante en la novela, pero en los crímenes puedo decir que todavía veo el resplandor y resuena en mi interior el sonido atronador de los cuatro disparos. Todavía me estremezco con las súplicas. Todavía escucho al señor Clutter dialogando con Perry como si fuera otro de sus hijos. Y todavía siento el nudo en la garganta ante la larga espera del clic del gatillo. También me tiemblan las rodillas al recordar a la amiga de Nancy abriendo la puerta de su habitación, y visualizo, como ella, la pared teñida de rojo pasión.

A sangre fría también se caracterizada por el suspense y los elementos que a la hora de esclarecer un crimen encontramos, como todo el proceso de investigación, la persecución policial, interrogatorios, confesiones, juicios… La estructura de la novela  nos presenta todo el proceso completo, desde el momento en el que se  produce el crimen, todas y cada una de las fases para resolverlo, hasta el juicio y la ejecución de los criminales. A lo largo de la narración distinguimos varias partes, en la primera se nos describe los momentos previos y posteriores a la tragedia, pero no el crimen en sí. Esta técnica narrativa, crea en el lector una sensación de vacío, la sensación de que nos falta la pieza clave para completar este quebradero de cabeza, una sensación que permanece a lo largo de la obra hasta la confesión de los criminales en la tercera parte. Capote crea el morbo en el lector, por muy desagradable, por muy salvaje, por muy terrorífico que fuera el crimen, tú quieres estar en aquella granja y revivir los acontecimientos.

Lo asombroso y lo más destacado de la novela es la forma en la que la realidad tiñe sus páginas mediante pinceladas de elementos periodísticos y literarios. Hacer que el lector reviva una terrible historia, que la sienta en sus propias carnes a través de una descripción extremadamente detallada, es una de las mejores sensaciones que crea. Por otra parte está la capacidad del autor de influir en los sentimientos del lector,  modificando la opinión sobre los asesinos, poco a poco, a lo largo de la obra, y de conocer en profundidad a los distintos personajes.

Pero sin duda, lo mejor de todo, es que Capote, desde que la empezó, a la vez iba que dando todos los pasos necesarios para un reportaje de investigación y profundidad, nacía una gran obra del género negro. A sangre fría es más que una novela, detrás está el trabajo de un profesional que tardó años en finalizarlo y que consiguió dejar una huella demasiado profunda en lo más hondo de su persona, pero que también lo hará en todos y cada uno de sus lectores. A sangre fría es más que una novela, personalmente, la mejor lectura que jamás he tenido entre mis manos.


Su obsesión: El principio del fin

Joseph M. Fox tuvo la oportunidad de conocer al escritor norteamericano en 1960, y hasta 1977 se veían con frecuencia dentro y fuera de la oficina, además de los numerosos viajes juntos a Kansas, dos veces por semana, mientras el novelista trabajaba en A sangre fría.

Fox afirmaba que 1966 fue un año maravilloso para Capote, ya que dos semanas después de firmar el contrato de Plegarias atendidas, obra inacabada, se publicaba A sangre fría como libro, con una gran resonancia y una magnífica acogida.

Capote fue portada de varias revistas del país y la reseña principal en prácticamente todas las secciones de libros del domingo estuvo dedicada a su nueva obra, que a lo largo del año llegaría a alcanzar ventas de más de 300.000 ejemplares. Durante 37 semanas, A sangre fría encabezó la lista de los best-sellers del New York Times y se vendió más que cualquier otro libro no novelístico. Desde entonces ha sido publicado en unas 24 ediciones extranjeras, y solo en Estados Unidos el número de ejemplares vendidos ha ascendido a la friolera de 5 millones.

Pero estas cifras tan abrumadoras no eran más que el principio del fin. El propio Fox, editor norteamericano, escribía que la impresión que daba el autor era la de que se merecía un respiro, y afirma que la misma impresión tenían la mayoría de sus amigos. “La investigación y la composición de A sangre fría le había llevado casi seis años, y constituyó para él una experiencia traumatizante“, explica el editor norteamericano en sus notas, a modo de prólogo de Plegarias atendidas.

Pero entre la experiencia de su gran obra maestra, varias críticas recibidas por sus nuevos relatos, el parón en la nueva obra que estaba cocinando y su desesperación personal, llevaron a Capote a una crisis creativa, una obsesión:

Para empezar, creo que la mayoría de los escritores , incluso los mejores, escriben de forma excesivamente elaborada, prefiero quedarme corto. La sencillez y la claridad de un riachuelo de campo. Sin embargo, mi impresión era que mi estilo se estaba haciendo demasiado denso, que necesitaba tres páginas para lograr efectos que debería ser capaz de conseguir en un solo párrafo

Releí A sangre fría y reaccioné del mismo modo: había demasiadas partes en las que no había escrito todo lo bien que podía hacerlo, en las que no me había entregado por completo. Lentamente, pero con una alarma cada vez más intensa, leí palabra por palabra todo lo que había publicado, y llegué a la conclusión de que nunca, ni siquiera un sola vez en toda mi vida de escritor, había explotado totalmente toda la energía y las emociones estéticas que albergaba aquel material. Hasta cuando aquello era bueno, veía que en ningún momento había trabajado con más de la mitad, a veces solo una tercera parte de mis facultades. ¿Por qué?”

Y en plena depresión, continuaba su personal caza de brujas con duras autocríticas:

“La respuesta, que descubrí tras meses de meditación, es simple, pero no muy satisfactoria. Lo cierto es que no disminuyó mi depresión; en realidad, la aumentó. Ya que la respuesta originaba un problema aparentemente irresoluble, y, si no era capaz de resolverlo, más valía que dejara de escribir. El problema era: ¿Cómo puede un escritor aunar con éxito, en una única forma, digamos el relato corto, todos sus conocimientos acerca de otras formas de escribir? Ya que ése era el motivo por el cual mi obra resultaba a menudo tan insuficientemente iluminada. No me faltaba la energía, pero al limitarme yo mismo a las técnicas de la forma en la que estaba trabajando, no utilizaba todos mis conocimientos del acto de escribir, todo lo que había aprendido en guiones de cine, obras de teatro, reportajes, poesía, cuentos, novela corta, novela. Un escritor debería tener a su disposición todos los colores y todas sus habilidades en la misma paleta, y ser capaz de mezclarlos, (y en los casos convenientes, aplicarlos simultáneamente). ¿Pero cómo?”

Sea como fuere, de lo que no existen dudas es que A sangre fría fue un título que entusiasmó a millones de lectores en todo el mundo. Obra cuyo impacto la convirtió en noticia y en la comidilla de las altas esferas. Historia que triunfó clamorosamente, pidiendo a gritos una relectura, porque es una auténtica obra maestra, con una calidad exquisita, con méritos excepcionales y con la capacidad para cautivar y emocionar al lector. En definitiva, la obra que marcó un hito en la narrativa y en el nuevo periodismo.

Oda a un genio

Fox explica que después de 1976, la relación entre él y Truman se fue deteriorando lentamente. El editor buscó una explicación lógica a este hecho: “Quizá también se diera cuenta de  que sus facultades literarias iban decayendo y temía que fuese un juez muy rígido. Además, debió de sentirse culpable y  terriblemente asustado por la ausencia de progreso en su obra Plegarias atendidas”. A medida que pasaba el tiempo, el escritor trataba de engañar a sus editores y un último factor fundamental en la erosión de su amistad con Fox, fue la dependencia creciente de Capote al alcohol y a sustancias desde 1977 en adelante.

Ahora me doy cuenta de que no fui todo lo comprensivo que debería haber sido con su situación. En lugar de eso me concentré en el desperdicio de su talento, en sus autoengaños, en sus incesantes divagaciones, en lo incomprensible de sus llamadas a la una de la madrugada, y sobre todo en la pérdida de mi encantador, ingenioso y travieso compañero que aquellos primeros 16 años al que egoístamente lloraba, más de los que lloré su creciente dolor“.

A estos hechos, les sucedió la pérdida de los capítulos de Plegarias atendidas, y aunque existen varias teorías, Fox sostenía que fue el propio autor el que destruyó todo vestigio de cualquier capítulo que hubiese escrito, excepto los tres que posteriormente se publicaron. El editor explica que Capote estaba muy orgulloso de su obra, pero mostraba una objetividad poco corriente respecto a ella, aunque tal y como afirma:

“Solo hay alguien que conoce la verdad, y ese alguien está muerto. Que Dios le bendiga”

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El primer vampiro en la gran pantalla

Título original: Nosferatu, eine symphonie des grauens”/ Año: 1922/ País: Alemania / Duración: 91 min / Director: Friedrich Wilhelm Murnau/ Guión: Henrik Galeen, basado en la novela Drácula de Bram Stoker / Fotografía: Fritz Arno Wagner y Gunther Krampf / Música: Hans Erdmann (partitura original), Peter Schirmann (partitura 1969), Timothy Howard (partitura 1991) / Reparto: Max Schreck (Orlok [Drácula]), Alexander Granach (Makler Knock), Gustav Von Wangenheim (Thomas Hutter), Greta Schröder (Ellen Hutter), Georg H. Schnell (Westrenka), Ruth Lanshoff, John Gottowt, Gustav Botz, Karl Etlinger, Wolfgang Heinz, Max Nemetz…/ Sinopsis: En 1838, Thomas Hutter, un agente inmobiliario, atraviesa los Montes Cárpatos para vender una casa al propietario de un castillo en el Mar Báltico, el conde Graf Orlock. Pero lo que no sabe Hutter es que Orlock es en realidad un vampiro, y el conde lo retiene en su castillo durante algún tiempo hasta que consigue escapar. Orlock, necesitado de más sangre para poder alimentarse, quiere mudarse a Alemania, de ahí su interés por la casa de Hutter. Al llegar a la propiedad que compró, trae consigo un gran terror que los habitantes identifican como la peste. La única persona que tiene la clave para salvar a la ciudad y a la humanidad de los ataques del vampiro es Ellen, la esposa de Hutter, por la que el conde Orlock siente una especial predilección.

Los relatos sobre vampiros se remontan a principios del siglo XIX y perduran hasta nuestros días. En este tiempo aparecen todas las variantes del vampiro, desde Lord Ruthven, el personaje atractivo y misterioso, de Polidori, hasta el primitivo Vurdalak de Alexei Tolstoi, inspirado en las supersticiones rurales. Pero no cabe duda de que no será hasta la novela de “Drácula” de Bram Stoker cuando realmente se encarne la mezcla de esta figura literaria a la perfección.

La representación de este magnífico ser no tardó en llegar a la gran pantalla. Así aparece en 1922 la primera adaptación cinematográfica de la novela de Stoker, bajo el título de “Nosferatu, eine symphonie des grauens”, con la variación de los nombres de los personajes y de la trama, por primera vez la figura del vampiro tiene un papel realmente destacado. Una versión libre y con tono romántico de Stoker, el film es también una de las más destacadas obras del cineasta Friedrich Wilhelm Murnau (1889–1931). A partir de este film comenzó a desenvolverse la criatura en el mundo del cine, con obras cinematográficas como “Drácula” (1931)  y “La marca del vampiro” (1935) de Tod Browning, “Drácula” (1958) dirigida por Terence Fisher, o “ Drácula” (1992) de Francis Ford Coppola. Es importante señalar que en 1979 aparece un remake del film de Murnau, que llegará de la mano de otro genio alemán, Werner Herzog. Para su particular homenaje al que se considera el primer gran film de terror de la historia, Herzog buscó copiar el mismo estilo que el de la original y al mismo tempo salvar las diferencias que existían respecto a la novela de Stoker.

Todo aquel que haya leído la novela de Stoker quizás pueda sentirse decepcionado o contrariado al ver que los nombres de los protagonistas y que la trama no se corresponden, pero lo cierto es que Murnau no consiguió adquirir los derechos sobre la novela que tenía la viuda de Stoker. Con esto, el conde Drácula pasa a ser el Conde Orlock, Jonathan Harker pasó a llamarse Thomas Hutter, Mina, la esposa de Harker, se convirtió en Ellen; Reinfield, el loco que permanece bajo la influencia del vampiro, es Knock, a la vez que se convierte en el jefe de la inmobiliaria en donde trabaja Hutter, y el personaje del Doctor van Helsing, básico en la obra de Stoker, desaparece, siendo sustituido en cierta forma por el Profesor Bulwer y por el Profesor Sievers, que tienen poca relevancia en el desenvolvimiento de la acción.

En la primera parte del film las diferencias en la trama no son tan notables como en el final, ya que se termina cambiando el sentido original de la novela. Algo que sin duda se echa en falta es la presencia de Lucy, ya que su destino es un previo aviso de lo que le podría ocurrir a Mina y además es la clave para que los protagonistas obtengan las pistas del ser al que se están enfrentando. Una gran diferencia que da un giro radical a la historia es la definición de la criatura, el refinado y diabólico ser de la novela aparece en el film como un monstruo esquelético, se obvian las características sádico-eróticas del vampiro, algo imprescindible que siempre va acompañando a este ser y que por eso lo hace especial. Sin embargo la confrontación del Bien y el Mal se mantiene, aunque aparece representado como la confrontación de la inocencia y de la crueldad que encarna al vampiro.

Uno de los temas que Murnau utiliza en el film y la atracción-repulsión entre Ellen y el vampiro. Por una banda encontramos esa conexión que se establece entre ellos cuando ella, sonámbula, siente su presencia, y por otra tenemos que el Bien está encarnado en el personaje de Ellen, que simboliza la luz, la belleza, al contrario que Nosferatu que simboliza el Mal. En cierto modo, se puede decir que es una tragedia, el conde sufre por vivir, por lo que su objetivo es morder a Ellen al amanecer para poder descansar en paz. El encuentro entre ellos dos es trágico, la mujer se sacrifica para salvar a la población de los crímenes del vampiro y él va en busca del descanso eterno. Esta cuestión contrasta con la novela, ya que Drácula goza con los crímenes, cuando algo le atrae, mata por capricho.

En relación con las cuestiones técnicas, Murnau deja de lado los decorados y rueda la mayor parte del film en exteriores, todas las imágenes del castillo, de las montañas, son naturales, algo fundamental porque el paisaje y la naturaleza participan del drama. Tiene muchísimo mérito, al igual que el contraste entre la luz y la sombra que consigue mediante positivos teñidos de color, para el crepúsculo echa mano de un color azul oscuro, mientras que para el amanecer utiliza un tono sepia. Esto no es una cuestión baladí, ya que estos contrastes en la escala cromática simbolizan un continuo enfrentamiento entre la luz y la oscuridad.

Murnau opta por el dinamismo, que consigue mediante el rodaje en exteriores y a través de una gran cantidad de recursos cinematográficos, así como la aceleración de las imágenes, que se comprueba, por ejemplo, en el trayecto del carruaje que transporta a Hutter hacia el castillo del Conde, y cuando se llevan todos los ataúdes. A la vez que se consigue esto, se refleja lo terrorífico y el misterio sobrenatural de la historia con la utilización de planos originales que tienen una gran fuerza expresiva y narrativa. Una secuencia que lo representa es la travesía del barco que lleva a Nosferatu hacia Alemania, se plasman de tal forma que parece un barco fantasma, a lo que contribuye las apariciones de la nada del vampiro, el miedo de los marineros y la desaparición de la tripulación; realmente se transmite al espectador una sensación de angustia y de compasión por los tripulantes. Dicha sensación se da en otras secuencias, en las que el acercamiento con lentitud del vampiro hacia la cámara produce un sentimiento de tensión e inquietud. Sin duda hay que destacar una de las imágenes más maravillosas que le aporta una gran fuerza al film, la visión del pólipo a través del microscopio tiene una gran relevancia, ya que representa la introducción de la ciencia en el cine por aquel entonces, además de ser un espectáculo increíble.

El “Nosferatu” de Murnau supuso un gran paso para la consolidación y la evolución del lenguaje cinematográfico en diversos aspectos, así como los recursos de la puesta en escena que tendrán una gran influencia en los films de terror posteriores, pero el terror de este film dista mucho del terror que se conoce en la actualidad; el vampiro fue creado para aterrorizar al mundo, no para brillar con el sol. Citando a Claude Kappler, “si el vampirismo fascina es porque representa, con una gran fuerza, una imagen del hombre contemporáneo”, y Murnau lo consiguió personificar.

Esta es una de las mejores escenas de la película, así como de la historia del cine.