Mi primera entrevista en el 36

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“Eu tiña catorce anos, era o 18 de xullo de 1936 e estabamos bailando na festa do Carmen en San Mateu, en Ponteareas, sabes? Onde paramos os sábados a comprar as rosquillas cos teus pais antes de chegar á aldea…

-Si, si, xa sei. A ver, conta, que máis?

Pois estabamos alí, na festa do Carmen, en San Mateu, ie… de súpeto, apareceron os gardas. Pararon a música e subiron ao palco berrando: “¡¡Estamos en guerra, estamos en guerra!! Mataron en Madrid a José Calvo Sotelo, todos para as vosas casas…”

Me entregaron el texto publicado el día del entierro de su marido. No pude asistir. Se merecían que alguien contara su historia, aunque sus manos ásperas y llenas de surcos delataban que ya la habían escrito hacía tiempo: él, en las vías del tren, y ella, en casa criando a tres hijos, siete nietos “e botando as patacas”.

“Os comunistas querían tomar o poder, pero Franco mobilizouse e comezou a recrutar a todos os mozos de máis de 18 anos para levalos ao fronte. Os comunistas mataban pola noite aos de dereitas e pola mañá aparecían todos os corpos tirados nas cunetas, dende As Neves ata Ponteareas. Aquí, en Leiradiño, queimaron a igrexa e romperon os cruceiros, destrozaron a zona onde xogabamos os domingos.

Franco gañou a guerra, pero aínda así aparecían corpos tirados pola estrada. Era a esquerda. Conteiche algunha vez que tiven un compadre comunista?

-Creo que non…

Pois si, tiña un compadre comunista. Era zapateiro. Tiña unha zapatería e nela reuníase cos seus amigos para lidiar e ir contra os de dereitas, e sabes que?

-Que?

Cando Franco acadou o poder, levárono ao Castro, en Vigo, e matárono. Déronlle o famoso paseíllo. En Redondela sucedeu algo similar. Ai! Tiñamos un médico tan bo… Chamábase Telmo Bernárdez, era moi querido entre nós, e un día viñeron os gardas a por el. Todos protestamos, xa che dixen que era moi querido, rogamos e suplicamos que non o matasen…. Para cando chegou o indulto, xa se desfixeran del.

-E como era o conto do bacallau?

Ah! Pois nada, o dito viña sendo: ” Franco entrará en Bilbao cando este gato coma bacallao”.  Os vascos colgáranche un gato morto atado a un pau con ese carteliño. Durante a guerra, todos os alimentos estaban racionados. Pasouse moita fame. Pasei moita fame. A xente chegaba aos extremos de rillar os carozos das espigas de millo e con eles facían pan. Miña nai pasaba por Arbo a miúdo, sabes que está aí ao lado, preto de Portugal. Por aí circulaban os alimentos, ela collía canto podía para nós e para as veciñas de Leirado”.

Ya no levanta la vista y juega con el anillo entre sus dedos marchitos. Suspira. Le pregunto por él y se lleva la mano a su fino cabello.

“El foi a guerra aos 18 anos, xa sabes. Non tivo outro remedio. Era cociñeiro. Case todos os días tiña que facer lentellas, por que cres que sempre funga cando llas poño no prato? Di que non mas quere porque quedou farto delas naqueles anos”.

Y su mirada se pierde en el mantel.

Esta conversación tuvo lugar años más tarde, mucho después de mi primera entrevista con él en el 36. Me robaron la publicación en cuanto me subí al coche. Intenté resistirme porque no era el momento, tampoco el lugar. Quería evitar precisamente lo que sucedió, hacer llorar a nadie. No era el momento. Avergonzada la escondí, y la enterré, al igual que ella lo enterró a él.

“As meigas nos Montes de León”

Por aquel entonces, en el 36, me apasionaban los lienzos, escribir con los pinceles y embadurnarme con óleo y témperas. Ni sabía qué era un periodista, ni una entrevista o un reportaje, y me daba igual. Soñaba con llenar cuadros y cuadros, soñaba con tener una galería propia. Quería ser pintora. Me dijeron que buscara algo con salida y estudié periodismo…  claro… El caso es que también me encantaba escribir y un profesor me encargó un entrevista. Las instrucciones eran fáciles: hay que hacer preguntas. Tenía que buscar a alguien con una historia y no lo dudé ni un segundo.

“-Entón… estiveches na guerra?

Si, para ben ou para mal, case vivín tres.

-Mataches a muitos?

Non, filla, non. Eu estaba na cociña. Ademais, os que antes botaban as armas ao lombo eran os primeiros en morrer.

(Non puiden evitar rir a gargalladas ao imaxinalo cun ridículo sombreiro de chef)

-E que cociñabas? Sabías?

Lentellas. Non, non sabía, pero non quedou outra que aprender.

-Onde estabades destinados?

Nos Montes de León.

-E como pasabades o tempo?

Contabamos historias.

-Lembras algunha?

Moitas, pero non tes idade. Pero algo curioso era cando os galegos falabamos das meigas. Un día lles preguntamos se non lle tiñan medo, como eran capaces de conciliar o sono. Ríronse de nós. Dixeron que ao único que lle tiñan medo era a se ao lobo lle daba por baixar das montañas pola noite, algo que, por outra parte, non era moi tranquilizador.

-Morreu algún dos teus amigos?

Varios, pero co que máis amizade tiña escapou polos Ancares, non volvín saber del, pero creo que aínda vive… valéche iso?

-Si, si, perfecto.”  Hoy le habría hecho muchas más.

Benito Souto Soto, 21 de septiembre de 1917, Salvaterra de Miño. Carolina Sousa David, 24 de junio de 1922, San Roque de Leiradiño. Se criaron entre guerras, padecieron sus consecuencias, pasaron hambre, se casaron, emigraron a Castilla-La Mancha, criaron a su primogénita, Carmen, y después llegó el segundo, Jose Luis.  Regresaron a Galicia en tren, cargando a sus espaldas un colchón e incluso algún mueble. Se instalaron en Redondela. Nació María. Después, otra mudanza, la definitiva. Con los años fueron padres de sus nietos, también amigos. Mientras él se encargaba de llevarlos al colegio, ella hacía la vista gorda cuando no comían todo lo del plato.

Él fumaba en pipa e iba en moto. Más tarde tuvo que dejarlo, ambos vicios. Ella prefería dar largos paseos por la orilla izquierda del río, también le valía pasar la tarde en casa y desgranar guisantes. Cada sábado volvían a la casa que había sido testigo de sus caricias. Él podaba las viñas y daba el sulfato, mientras ella peleaba con las gallinas. Con la misma navaja, él hacía un reparto equitativo de la bolsa de pipas para las nietas y ella amenazaba con pinchar el balón cuando jugaban cerca de sus plantas. Fue el 21 de junio de 2005 cuando él se cansó de todo esto y la abandonó. Carolina lloró mucho, demasiado poco tal vez. Durante varias semanas hubo que dormir con ella y convivir con su historia de amor rota.

Hace tiempo que escribió unos puntos suspensivos en su hoja de papel, el 2007 fue el año que quedó congelado en su memoria.

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Anécdotas de una biblioteca veinteañera

Leyendo un artículo de Ivan Thays sobre la felicidad que proporciona la recomendación de libros, encontré varias reflexiones interesantes con las que coincido, por ejemplo, cuando afirma que la doble fila es lamentable o que todas y cada una de nuestras bibliotecas personales están llenas de anécdotas. Y me quedé pensando en las curiosidades ocultas de la mía.

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 De comida había cocido, como casi todos los domingos. Todavía me acuerdo de la cara que pusieron cuando empecé a gritar como una loca preguntando por un libro que había en el comedor. Aunque no lo he leído, es uno de los grandes tesoros que guardo. ‘A sangre fría‘ lo descubrí en una biblioteca, el ejemplar de la imagen lo encontré años más tarde en casa de la abuela. Dicen que no recuerdan ni quién lo encargó, ni por qué lo pidieron, ni si lo leyeron o lo tenían de adorno, así que me ocupé de rescatarlo y cuidarlo como se merece. De aquel comedor también adopté ‘Os vellos non deben namorarse‘, de Castelao.

Herencia materna, ‘El Lazarillo de Tormes‘ y ‘Follas novas‘ también tienen su historia. Estaban escondidos en el mueble de la entrada. A la derecha se guardaban los libros de los mayores y a la izquierda los de la colección El barco de vapor y tres de Elvira Lindo, pero encontré ‘El Lazarillo‘ y pregunté de qué iba. Sentada en la entrada, desde la cocina me explicaron que trataba de un niño que se quedaba solo en el mundo y le hacía jugarretas a un señor ciego que cuidaba, a un cura, a un caballero… “Lo voy a leer”. Me dijeron que no iba a entender nada, así que lo solté. Ya con 14, me lo pidieron en Lengua, y aquella espinita clavada desapareció. Pero esa espinita nada tenía que ver con “aquel cravo de ouro, de ferro ou de amor” que la poeta gallega tenía en el corazónAtrapé los poemas de Rosalía de Castro y ahora sus páginas rozan las de ‘Romeo y Julieta‘, también ‘Hamlet‘.

Lolita‘ esconde celosamente entre sus páginas un trébol irlandés. ‘Todo é silencio‘ huele a las calles de Dublín, al igual que el ‘Ulysses’ de Joyce, comprado en Kilkenny por 4 euros.  ‘Las venas abiertas de América Latina‘ deja a su paso un rastro de arena marroquí. Y unos cuantos me recuerdan las mañanas, tardes y noches compostelanas. ‘Berenice’ y una antología de literatura femenina me encontraron de paseo en Allariz. Hay alguno de ocasión: ‘El viejo y el mar‘, ‘La biblioteca de los muertos‘ o ‘Poeta en Nueva York‘. Es inevitable preguntarse si su anterior dueño los maltrataba o inventar los motivos de su abandono. De alguno tengo pistas, por ejemplo, sé que ‘Balada de Caín‘ perteneció a Andrea en el 88.

Las personas también están en ellos y la mayoría son María o Manuel. Pero ‘La historiadora‘ sabe a Miguel, ‘El arpa de hierba‘ a Cristina, ‘Orgullo y prejuicio‘ a Dori. Adrián comparte ‘Cabeza de turco‘, ‘Retratos‘, ‘La conjura de los necios‘, ‘La hoguera de las vanidades‘ y casi todos los de Anagrama. Carolina acorta las distancias con ‘Crucero de verano‘. Pablo se ocupa de Tolkien, Rowling, Dan Brown y Manuel Loureiro. Natalia puso en mis manos ‘Las vírgenes suicidas‘ y Débora lo consintió. Sara es ‘La tregua‘ y Rodri es parte de las aventuras de ese tal Alatriste. ‘Travesuras de la niña mala‘ y ‘Los hijos de los días‘ no están.

Comprar libros es un delito

No sé en qué momento se convirtió en una pasión enfermiza. Sólo recuerdo que, desde hace tiempo, entre diciembre y enero llego a acumular cerca de 16 libros. Regalos de familiares, de amigos y de mí misma. La lista de libros navideña se ha convertido en una tradición, más incluso que tomar las uvas en Nochevieja. Pero lo cierto es que esta tradición dura todo el año.

Hay personas que protestan. Dicen que “es un regalo demasiado fácil“. Y yo IMG_20130116_144539protesto. Digo que “si es lo que quiero…“. Otras prefieren no arriesgarse, “no vaya a ser que lo tengas“. Y algunas tiran a dar y comentan que “acabarás como el Quijote“. También dicen que el piso podría arder, que la culpa sería mía “de tantos libros que metes en casa“. El caso es que, en el seno familiar, comprar libros se ha convertido en delito nacional.

Haciendo inventario contabilicé 317 libros en mi habitación (mientras escribo esto han aumentado a 320). La provisional ampliación de la estantería, colocando unas tablas entre el hueco de la misma y la pared, ha irritado al personal en casa. Desde el armario hasta la mesa estudio hay seis huecos, pero las partituras me dejan sin uno, así que mis posibilidades se reducen a cinco, cinco que estaban hasta arriba cuando empezaron las obras. La mesa estudio abarca todo el espacio de una pared a otra. En la parte izquierda, otra estantería de cuatro huecos se funde con la de seis. Yo tenía claro que por encima del mueble iba a seguir colocando unos cuantos más, unos 100 más o así, pero tenían miedo de que los libros saltaran al vacío una noche cualquiera y se estamparan contra la cama  o, en su defecto, contra mi cabeza. Total, alivié la zona central desterrando a algunos hacia ese espacio poco digno, pero ya vuelve a estar hasta los topes.

Puesto que las obras de ampliación no han surtido efecto, las otras habitaciones están ocupadas y en el salón los vinilos ocupan gran parte del mueble, las amenazas tipo “como vuelvas a comprar otro libro, te echo de casa” o “no me importa que traigas más, tú llena la habitación, llénala, que después te vas a ir a dormir al trastero” son lo habitual. Entre eso y que no soy capaz de ir a Vigo o a Santiago y volver sin un libro, me encuentro ante un verdadero problema. Poco importa que los haya rescatado de la cesta gratuita de las bibliotecas, porque esa excusa tampoco valdrá, así que tengo que comprarlos a escondidas. Hacer que otros paguen en metálico por mí. Inventarme que están de paso, que me los dejó no sé quién, y no me queda otra que ingeniármelas para que pasen desapercibidos entre los más viejos.

Putas de cafetería

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No se conocieron por un tira y afloja con el último ejemplar de la biblioteca, tampoco paseando con la mirada entre los estantes, ni recogiendo el libro de la otra tras un choque premeditado de casualidad. Fue el propio autor el que las presentó en la cafetería que hacía esquina.

Una semana de lluvias torrenciales había provocado en ella un patético cuadro depresivo que la llevaba a socializar únicamente con las abejas diminutas de Fahrenheit 451, esas que zumban e inhiben toda verborrea. Harta de su insufrible vecina, llenó el saco de fetiches y salió a respirar. El olor afrutado de las piedras mojadas inundaba el ambiente. Hacía tiempo que la soledad la rondaba; ella se dejaba rondar.

Apasionada de la rutina, maniática de las aventuras, decidió entrar en el peor antro de la ciudad. Sus torpes pasos la llevaron a la mesa más apartada para no sentirse tan fuera de lugar. Echándole un vistazo furtivo a la carta de temas, alguien ocupó la silla solitaria. Tímidamente, alzó la vista hasta encontrar aquellos penetrantes ojos negros de pestañas postizas.

Y se dejó querer; tanto, que el tiempo se detuvo y no existió nada ni nadie más. Teorizaron sobre el amor, ahogaron penas en cerveza y zumo de naranja, entre pinchos de tortilla y pequeñas olivas, incluso se atrevieron a establecer una cuarta dimensión en la que sus vidas eran una. Se confesaron todos y cada uno de sus secretos, sus temores, sus pasiones. Destriparon sus anteriores relaciones, se acariciaron las manos, el pelo. No se besaron.

Soñaba que había encontrado el tú. En un mundo en el que la cultura había sido profanada, ya solo quedaba pagar por las putas de cafetería y sus conversaciones.

Recetas de periodismo antideportivo

-Eu: A televisión ten a culpa dos circos mediáticos que se soen formar en torno ao mundo deportivo?

Terio Carrera: Non, porque a televisión sinxelamente se limita a reflectir o que pide a sociedade e se non fora así, a propia sociedade sería quen rexeitaría á televisión. Eu que formo parte da televisión pública onde se concibe o deporte dunha maneira distinta a como se concibe nunha cadea privada, onde se esixe un rendemento empresarial. Respecto todas as fórmulas, maneiras e vías, non comparto moitas delas, pero si hai televisións que fomentan o espectáculo por riba da actividade deportiva, e se tiveran rexeitamento da sociedade seguramente farían algo diferente. Pero non o fan porque iso vende. Pasa co deporte e con outros tipos de programas que hai en televisión habitualmente.

O xornalista debe posicionarse ou manter a obxectividade?

– Creo que debemos estar á marxe totalmente. Debemos razonar con argumentos, pero se a túa opinión vai durante 3 meses na mesma liña quedas en evidencia, non é normal. As defensas que se fan ultimamente son de nenos pequenos para escapar e que non lle boten a bronca. Isto é basicamente o que o xornalismo deportivo debe replantexarse, cara onde imos e que é o que hai que facer. Hai moitos xornalistas que fan o estudo de mercado e se é o caso que ten predilección polo Real Madrid, fai o análise, e ve o negocio dicíndolle aos aficionados o que quere escoitar, que cando gaña é o mellor equipo do mundo e cando perde pois a culpa é doutro. Por este camiño imos francamente mal, non debemos posicionarnos, sinxelamente debemos facer un traballo contedor, profesional e punto. Unhas veces lle gustará á xente o que dis e outras veces non, pero ese é o noso traballo e non hai máis.

Este es un pequeño fragmento de una charla/entrevista que mantuve un día con el periodista deportivo de la TVG Terio Carrera. Adicta a mis colores y con el bolígrafo destintado, querido lector, por una vez voy a ser una más hablando del deporte de siempre.

En su día revolucionaron el formato televisivo. No seré yo la que diga lo contrario ni la que les quite el mérito. Se postularon como los reyes de la parrilla informativa en su franja horaria y las demás cadenas se adaptaron e imitaron el modelo. A día de hoy, Deportes Cuatro le hace un flaco favor al periodismo deportivo. Perdón, las teclas me han traicionado, quería decir periodismo futbolístico.

 Soy aficionada de uno de los equipos “pequeños”, pero creo que si a una persona le gusta un deporte, querrá saber todos los resultados, conocer mejor a los rivales,… El monotema Barça-Madrid, Madrid-Barça, aburre, aburre mucho. Que eso es lo que vende lo acepto, pero no soporto ni respeto las chorradas de reportajes en las que establecen intentos de metáforas entre la manera de conducir un autobús con lograr la fórmula secreta que haga caer en la tabla al Barcelona, por citar uno de los estúpidos ejemplos.

El fin de semana pasado, como en cada jornada, los bustos parlantes de esta cadena sacaron partido a sus minutos charlando, con una pachorra desesperante a ratos, sobre los equipos de estrellitas.  Ambos disputaban sus respectivos partidos el domingo, no el sábado, pero para hablar de ellos se necesitan semanas enteras. En un último aliento, apuraban la cuenta atrás en antena y de carrerilla mencionaron la alineación de alguno de los que sí jugaban ese día.

Negocio vs. Información y el negocio de la información. Son conceptos distintos en los que no voy a entrar, a estas alturas de la comedia todos sabemos cómo se articulan en las pantallas. Pero rigiéndose por la máxima del todo vale,  todo por la audiencia, llegaron a rebasar los límites.

La gota que colmó el vaso fue el día en el que este bufón, porque no merece otro calificativo, decidió humillar públicamente a una persona. Señores, si esto es periodismo deportivo, yo me bajo. Tener que tragar el circo mediático que confeccionan día sí, día también, en torno a los grandes ya es suficiente, como para engordar los datos de audiencia contemplando semejante espectáculo tan burdo y lamentable.

Clases de geografía

Mis colores son celestes, pero al margen de la camiseta que visto, no me imagino el berrinche y las pataletas de los madrileños si alguna cadena llega a situar la capital española en Barcelona, y viceversa. Pues eso es lo que ha pasado en Galicia. Ya no es la primera vez que los señores “periodistas” de Marca TV sitúan Vigo en Coruña. ¡Vaya! No era consciente de que “a terriña” fuera tan desconocida al cruzar Os Ancares. ¿O quizás la ignorancia abunda entre los que se supone son profesionales en la rama deportiva?

Esta vez, no contentos con demostrar su ignorancia en materia de geografía, han ido un poco más lejos, y ahora decoran la información sobre el R.C. Celta de Vigo con el escudo de su eterno rival, el R.C. Deportivo de La Coruña.

Un caso similar lo encontramos en La 1 de TVE. El pasado fin de semana, en el VTR de unas declaraciones de un jugador del Dépor, las personas que editaron esa pieza decidieron rebautizar a Manuel Pablo con el nombre de Roberto Lago, además de hacer que en un printer “sin importancia” fichara de forma exprés por el Celta.

Es cierto que todos somos humanos y nos equivocamos, pero que pase lo mismo con los de siempre no es casualidad. Los que llevamos por bandera a los equipos humildes tenemos que conformarnos con verlos cuando juegan contra los grandes, que hablen de ellos si le dan una patada a Messi o le abren la ceja a CR, pobrecito, nunca una cámara había captado tantos planos de una brecha.

Por otra parte, no es justo criticar solo a los medios. No hay que olvidar que los corderitos son los que lloriquean por su dosis de morbo diaria. Si esta es la información que se difunde es porque la sociedad lo demanda, si solo se habla de fútbol, y no de otros deportes, es porque mueve masas. Para reivindicar sus derechos no hay quien los levante del sofá, pero para celebrar un ascenso, un título de Liga, un Mundial, para eso no hace falta ni llamar al timbre. Lo triste en esta sociedad es que para la salvación de un equipo en peligro de desaparición sus seguidores son capaces de empeñar hasta una pierna. No puedo evitar plantearme que si el vecino de al lado estuviese a punto de perderlo todo…  ¿Se movilizaría el pueblo?, ¿el barrio?, ¿el inmueble?, ¿ni la de enfrente?¿Aportaría usted 10 euros?…

Empatía, ese concepto extraterrestre

Practicamente todos os telexornais das diferentes cadeas de televisión, soen ter unha mesma estrutura. Comezando pola información política, a non ser que teña lugar un feito excepcional, a poder ser catastrófico, deste xeito poderemos abrir o informativo por todo o alto. Tras facer un repaso polas noticias máis polémicas, pasamos aos sucesos e ás vítimas que, ao fin e ao cabo, iso é o que vende. Malos tratos, desaparicións, roubos e unha longa lista de desgrazas que nutren o día a día televisivo. Pero hai algo que está por riba de todas elas e é o único que non ten remedio, a morte.

Ela pasa a ser, en moitas ocasións, a invitada de honra nos platós, é o espectáculo televisivo por excelencia“.

Hai uns meses publicaba “A mercantilización dos sentimentos”, un pequeno ensaio ou longo artigo sobre o sensacionalismo na televisión. De novo véxome obrigada a rescatalo a raíz do acontecido na celebración de Halloween o pasado 31 de outubro no Madrid Arena. Tres rapazas morrían aplastadas nunha avalancha humana que se produxo no recinto froito do pánico producido por unha bengala que se lanzou no interior do pavillón.

Noraboa, as aves carroñeiras estaban de sorte. Ninguén pode dicir que un suceso non é noticia, está claro que de feitos coma este hai que informar, pero hai formas e formas de facelo sen ter que caer no morbo ou no sensacionalismo. Nada máis espertar a radio xa estaba poñendo aos oíntes ao tanto do transcorrido, o curioso era que a locutora en cuestión falaba, efectivamente, dunha traxedia, pero tamén facía referencia a que “hoy nos ha sucedido un hecho extraordinario, algo que no suele suceder a menudo y que forma parte de lo hermoso de nuestro oficio, y es que los oyentes nos llamen para contarnos la noticia”. Falaba dun rapaz co que contactaron para que lles narrara a súa experiencia no recinto. ¿Pero como se pode frivolizar así un tema destas características? Falar dunha traxedia e inmediatamente falar do fermoso que é que chamen as fontes…

Non foron poucos os xornais que nas súas edicións dixitais ofreceron nos días posteriores imaxes das rapazas falecidas e descricións detalladas das vidas que levaban, así coma do seus caracteres. ¿En serio poden crerse co dereito de publicar se unha persoa era tal ou cual? ¿Teñen o dereito de apropiarse de imaxes sacadas das redes sociais? Si, téñeno, pois é unha cuestión que debería revisarse.

Poñerlle cara á morte. Creo que temos un serio problema, e xa non falo dende o punto de vista do xornalismo, que cada día apesta un máis e máis neste senso, senón da sociedade en xeral. Se hoxe en día o único que vende son as mortes, os accidentes, as traxedias, as catástrofes, temos un problema grave de sadismo.

E sinceramente, nin ganas teño de tocar como se tratou o tema na televisión porque podería vomitar pestes en parágrafos e parágrafos. Isto é unha pequena reflexión persoal. Gustaríame saber se se as rapazas foran as fillas, as irmás, as curmás, as amigas, dun presentador, dun xornalista do medio, dun locutor, do director do medio, dos grandes xefazos… Entón, ¿dariáselle o mesmo tratamento? ¿Publicaríase dita información?

Creo que para ejercer el periodismo, ante todo hay que ser buen hombre, o una buena mujer: buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus tragedias. Y convertirse, inmediatamente, desde el primer momento, en parte de su destino. Es una cualidad que en psicología se denomina EMPATÍA“.

Neste mundo semella que son poucos os que o coñecen. Atrévome, por descontado, a mencionar a un dos grandes cando falaba sobre o xeito de exercer esta profesión. Pero outro feito que nesta sociedade é máis que obvio é que hoxe en día a información é un dos grandes negocios deste mundo, e pouco importa xa transmitir os feitos con profesionalidade.

Entre putas y políticos bailaba el periodista

#Soyperiodista #Periodigno #Sinperiodismonohaydemocracia

“Hay que ver, qué bonito es el onírico mundo de los sueños, el mejor trabajo siempre ha sido, y será, ser funcionario del Estado, pese a quien le pese”, me recriminaba un compañero cuando en primero de carrera, pobre ingenua, fardaba de profesión más bonita del mundo. En los tiempos que corren, no creo el periodismo sea la profesión más bonita del mundo, pero sí una de las más sangradas.

En los últimos cuatro años, fecha en la que se inició la crisis por la caída de la inversión publicitaria, unos 57 medios de comunicación han cerrado en España y no son pocos los que han adelgazado sus redacciones, según informó a mediados de 2012 la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). Sin ir más lejos, la semana pasada, el cuadernillo de El País en Galicia veía reducidas sus ocho páginas diarias a dos tristes hojas, como consecuencia de un ERE realizado por la empresa que ha costado el puesto de trabajo a 149 profesionales, sin mencionar las reducciones de salarios.

Por otra parte, los despidos en la televisión pública, la recolocación de personal afín al nuevo Gobierno, cuyo rigor informativo deja mucho que desear, el regreso de los trajes de luces y la “cultura” taurina a las pantallas domésticas hacen que me pregunte cuánto tardarán en volver los anuncios de antaño, cuando se le vendía la fregona a nuestras madres y abuelas como la mejor amiga para la mujer. Un dato esperanzador es que la edición de la sobremesa en La 1 ha perdido en septiembre 243.000 espectadores con respecto a junio, menos tranquilizador es que esa audiencia se ha trasladado a Telecinco, premio a la cadena cotilla por excelencia.

Con esto, quiero decir que asistimos a una caza de brujas entre los plumillas y a una degradación paulatina de la profesión que la deja a la altura del betún ¿Las grandes lacras que nos persiguen? El paro, la precariedad laboral, la publicidad, los empresarios, los políticos de turno, la rutina, y probablemente se quedan en el tintero muchas más.

Dosis de bazofia

Inevitablemente la política se ha infiltrado en las maquetas de las redacciones, en los VTR y en los cortes de radio. No cabe duda de que es necesario informar sobre ella, puesto que las decisiones que toman los grandes mandatarios afectan de lleno a la sociedad, pero de ahí a politizar tu página día sí, día también, a darle voz a fulano, mengano y citrano, promoviendo así sus campañas en los medios, hay un paso. En la actualidad, estos personajes, más que políticos parecen tertulianos de los corralitos de la televisión. En vez de proponer alternativas no saben hacer otra cosa que recriminar a la oposición lo que ha hecho y lo que ha dejado de hacer.

La información es poder y precisamente el periodismo siempre ha sido tildado de “cuarto poder”, por algo será. En este sentido se define como “una plataforma de soporte informativa dirigida a guiar a las masas”. La responsabilidad de la figura del periodista es mucha, así que, si tenemos los medios para hacerlo, tenemos la última palabra y el punto final, ¿por qué no empezamos a cambiar el modo de informar? ¿Alguna vez os habéis preguntado qué pasaría si dejásemos de darle coba a “ellos”?

A menudo, olvidamos que la profesión parte de una vocación social. No creo que exista mayor satisfacción que la de contribuir con tus piezas informativas a difundir en la sociedad temas eclipsados. Personalmente, no tengo otros motivos para ejercer de periodista que los de dar voz a aquellos que yacen escondidos a la espera de que alguien se fije en sus inquietudes y actividades, de que alguien les proporcione la oportunidad de dar a conocer su realidad. Nos debemos a la sociedad, es por eso que se merece historias más interesantes que un continuo bombardeo de bazofia política.

Hipocresía descarnada

El 3 de mayo es el día en el que todas las facultades de periodismo celebran su patrón, es el día de la libertad de expresión. ¡Qué bonito es redactar y leer delante de los universitarios manifiestos en su defensa! En su demagogia barata te repiten hasta la saciedad que tienes que luchar por la profesión, que tú puedes cambiar la situación, buscan removerte la conciencia, cuando en realidad son ellos los que tienen la sartén por el mango y, no todos, pero acomodados en su rutina son los primeros que dejan de salir a la calle a por historias.

“Sabemos lo que significa contratar a periodistas sin remuneración o con un salario indigno”.

¡Y tanto que lo sabéis! Aceptáis que se firmen contratos basura y realizáis convenios con diversas instituciones en los que la primera cláusula es: “La empresa no está obligada a remunerar su actividad”. Por el sueldo de un redactor se contrata un buen rebaño de becarios, pero el 3 de mayo se leen manifiestos en los que un justo apartado está dedicado a ellos. Sinceramente, se me caería la cara de vergüenza si tuviera que ponerme mis mejores galas para predicar en contra de la precariedad laboral, y justo enfrente, las personas que trabajan gratis en tu empresa.

Está claro, la gente joven puede vivir del aire, pero también con 200, 300 o 400 euros. No tienen gastos porque no tienen cargas familiares. Tener un coche es un privilegio. Y les encantar la idea de vivir en casa de sus padres hasta los 30 años, que la comida de mamá está muy rica, y la de la abuela… Porque no, no quieren viajar, tampoco quieren independizarse y en su futuro la idea de formar una familia ni se contempla. Además, están en la edad de dar tumbos de un lado a otro.

“-QUE los Gobiernos y las instituciones no pueden mirar hacia otro lado cuando empresarios sin escrúpulos quieren convertir un espacio de libertad, como es un medio de comunicación, en un taller de esclavos ofreciendo empleos sin remuneración”.

Dicen que cuando el barco se hunde, solo se salvan las ratas. Ellos no miran hacia otro lado, en este país, empresarios y Gobiernos caminan de la mano para moverse al sol que más caliente. Los medios de comunicación son empresas, y como tales, además de contemplar entre sus objetivos la elaboración de un producto, tienen como otros fines el de mantenerse, la obtención de beneficios, así como la expansión de su actividad. El empresario busca rentabilizar su producción, en este contexto de crisis, busca subvenciones hasta debajo de las piedras, se vende al mejor postor publicitario sin pensar en si aquel redactor necesitará más o menos espacio para su reportaje.

En la era de la información, los políticos se valen de los medios para llegar a la población. Aprovechando que muchos de ellos dependen de las ayudas que les proporciona el Estado, saben que podrán mover los hilos según les convenga. Que si hay un mitin de Rajoy en Bilbao, hizo un pleno al 15, que si hay uno de Rubalcaba en A Coruña, “hubo que retirar hasta 100 sillas para evitar la sensación de vacío” (visto en los informativos de Antena 3 el sábado 13 de octubre). Round one: Fight! Está de moda dedicar un espacio televisivo a los “debates” electorales. Pero dicha contienda se queda en un pobre cara a cara entre PSOE y PP, será que el resto de las fuerzas políticas no tienen nada que decir.

En definitiva, entiendo el periodismo como algo más que una profesión y es triste ver cómo se degrada (lo degradan) cada día más y más. Aunque sea una de las principales lacras que asolan este mundillo, dejemos ya de echarle la culpa de la crisis del periodismo al empresario y empecemos a arreglar esto desde dentro. El futuro de la profesión está en las manos de los periodistas.  Es muy fácil escribir 140 caracteres predicando la libertad de prensa y el derecho a la información, cuando probablemente lo hagas desde un mullido sillón, en tu pecera particular de la redacción y no te falte en el bolsillo una bonita nómina. Son muchas las voces críticas, ¿cuántas hacen algo por cambiarlo?

Soy libre para escribir sobre los temas que me apetecen, los redacto en función de mis criterios y nadie me dicta que debo retirar tal o cual palabra para no ofender a ciertos apoderados, pobrecitos. Pero soy libre aquí, no en ningún medio. El periodismo democrático, digno y plural hace tiempo que baila al son de los proxenetas de la información.

Trampolín al abismo

Y tú,

tú vives en una realidad edulcorada

empapada por tintes de falsa occidentalidad que

dañan tus raíces;

intoxicadas

por redes de narcotráfico, migración y prostitución,

viajan errantes coloreando la esperanza.