Empatía, ese concepto extraterrestre

Practicamente todos os telexornais das diferentes cadeas de televisión, soen ter unha mesma estrutura. Comezando pola información política, a non ser que teña lugar un feito excepcional, a poder ser catastrófico, deste xeito poderemos abrir o informativo por todo o alto. Tras facer un repaso polas noticias máis polémicas, pasamos aos sucesos e ás vítimas que, ao fin e ao cabo, iso é o que vende. Malos tratos, desaparicións, roubos e unha longa lista de desgrazas que nutren o día a día televisivo. Pero hai algo que está por riba de todas elas e é o único que non ten remedio, a morte.

Ela pasa a ser, en moitas ocasións, a invitada de honra nos platós, é o espectáculo televisivo por excelencia“.

Hai uns meses publicaba “A mercantilización dos sentimentos”, un pequeno ensaio ou longo artigo sobre o sensacionalismo na televisión. De novo véxome obrigada a rescatalo a raíz do acontecido na celebración de Halloween o pasado 31 de outubro no Madrid Arena. Tres rapazas morrían aplastadas nunha avalancha humana que se produxo no recinto froito do pánico producido por unha bengala que se lanzou no interior do pavillón.

Noraboa, as aves carroñeiras estaban de sorte. Ninguén pode dicir que un suceso non é noticia, está claro que de feitos coma este hai que informar, pero hai formas e formas de facelo sen ter que caer no morbo ou no sensacionalismo. Nada máis espertar a radio xa estaba poñendo aos oíntes ao tanto do transcorrido, o curioso era que a locutora en cuestión falaba, efectivamente, dunha traxedia, pero tamén facía referencia a que “hoy nos ha sucedido un hecho extraordinario, algo que no suele suceder a menudo y que forma parte de lo hermoso de nuestro oficio, y es que los oyentes nos llamen para contarnos la noticia”. Falaba dun rapaz co que contactaron para que lles narrara a súa experiencia no recinto. ¿Pero como se pode frivolizar así un tema destas características? Falar dunha traxedia e inmediatamente falar do fermoso que é que chamen as fontes…

Non foron poucos os xornais que nas súas edicións dixitais ofreceron nos días posteriores imaxes das rapazas falecidas e descricións detalladas das vidas que levaban, así coma do seus caracteres. ¿En serio poden crerse co dereito de publicar se unha persoa era tal ou cual? ¿Teñen o dereito de apropiarse de imaxes sacadas das redes sociais? Si, téñeno, pois é unha cuestión que debería revisarse.

Poñerlle cara á morte. Creo que temos un serio problema, e xa non falo dende o punto de vista do xornalismo, que cada día apesta un máis e máis neste senso, senón da sociedade en xeral. Se hoxe en día o único que vende son as mortes, os accidentes, as traxedias, as catástrofes, temos un problema grave de sadismo.

E sinceramente, nin ganas teño de tocar como se tratou o tema na televisión porque podería vomitar pestes en parágrafos e parágrafos. Isto é unha pequena reflexión persoal. Gustaríame saber se se as rapazas foran as fillas, as irmás, as curmás, as amigas, dun presentador, dun xornalista do medio, dun locutor, do director do medio, dos grandes xefazos… Entón, ¿dariáselle o mesmo tratamento? ¿Publicaríase dita información?

Creo que para ejercer el periodismo, ante todo hay que ser buen hombre, o una buena mujer: buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus tragedias. Y convertirse, inmediatamente, desde el primer momento, en parte de su destino. Es una cualidad que en psicología se denomina EMPATÍA“.

Neste mundo semella que son poucos os que o coñecen. Atrévome, por descontado, a mencionar a un dos grandes cando falaba sobre o xeito de exercer esta profesión. Pero outro feito que nesta sociedade é máis que obvio é que hoxe en día a información é un dos grandes negocios deste mundo, e pouco importa xa transmitir os feitos con profesionalidade.

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Entre putas y políticos bailaba el periodista

#Soyperiodista #Periodigno #Sinperiodismonohaydemocracia

“Hay que ver, qué bonito es el onírico mundo de los sueños, el mejor trabajo siempre ha sido, y será, ser funcionario del Estado, pese a quien le pese”, me recriminaba un compañero cuando en primero de carrera, pobre ingenua, fardaba de profesión más bonita del mundo. En los tiempos que corren, no creo el periodismo sea la profesión más bonita del mundo, pero sí una de las más sangradas.

En los últimos cuatro años, fecha en la que se inició la crisis por la caída de la inversión publicitaria, unos 57 medios de comunicación han cerrado en España y no son pocos los que han adelgazado sus redacciones, según informó a mediados de 2012 la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). Sin ir más lejos, la semana pasada, el cuadernillo de El País en Galicia veía reducidas sus ocho páginas diarias a dos tristes hojas, como consecuencia de un ERE realizado por la empresa que ha costado el puesto de trabajo a 149 profesionales, sin mencionar las reducciones de salarios.

Por otra parte, los despidos en la televisión pública, la recolocación de personal afín al nuevo Gobierno, cuyo rigor informativo deja mucho que desear, el regreso de los trajes de luces y la “cultura” taurina a las pantallas domésticas hacen que me pregunte cuánto tardarán en volver los anuncios de antaño, cuando se le vendía la fregona a nuestras madres y abuelas como la mejor amiga para la mujer. Un dato esperanzador es que la edición de la sobremesa en La 1 ha perdido en septiembre 243.000 espectadores con respecto a junio, menos tranquilizador es que esa audiencia se ha trasladado a Telecinco, premio a la cadena cotilla por excelencia.

Con esto, quiero decir que asistimos a una caza de brujas entre los plumillas y a una degradación paulatina de la profesión que la deja a la altura del betún ¿Las grandes lacras que nos persiguen? El paro, la precariedad laboral, la publicidad, los empresarios, los políticos de turno, la rutina, y probablemente se quedan en el tintero muchas más.

Dosis de bazofia

Inevitablemente la política se ha infiltrado en las maquetas de las redacciones, en los VTR y en los cortes de radio. No cabe duda de que es necesario informar sobre ella, puesto que las decisiones que toman los grandes mandatarios afectan de lleno a la sociedad, pero de ahí a politizar tu página día sí, día también, a darle voz a fulano, mengano y citrano, promoviendo así sus campañas en los medios, hay un paso. En la actualidad, estos personajes, más que políticos parecen tertulianos de los corralitos de la televisión. En vez de proponer alternativas no saben hacer otra cosa que recriminar a la oposición lo que ha hecho y lo que ha dejado de hacer.

La información es poder y precisamente el periodismo siempre ha sido tildado de “cuarto poder”, por algo será. En este sentido se define como “una plataforma de soporte informativa dirigida a guiar a las masas”. La responsabilidad de la figura del periodista es mucha, así que, si tenemos los medios para hacerlo, tenemos la última palabra y el punto final, ¿por qué no empezamos a cambiar el modo de informar? ¿Alguna vez os habéis preguntado qué pasaría si dejásemos de darle coba a “ellos”?

A menudo, olvidamos que la profesión parte de una vocación social. No creo que exista mayor satisfacción que la de contribuir con tus piezas informativas a difundir en la sociedad temas eclipsados. Personalmente, no tengo otros motivos para ejercer de periodista que los de dar voz a aquellos que yacen escondidos a la espera de que alguien se fije en sus inquietudes y actividades, de que alguien les proporcione la oportunidad de dar a conocer su realidad. Nos debemos a la sociedad, es por eso que se merece historias más interesantes que un continuo bombardeo de bazofia política.

Hipocresía descarnada

El 3 de mayo es el día en el que todas las facultades de periodismo celebran su patrón, es el día de la libertad de expresión. ¡Qué bonito es redactar y leer delante de los universitarios manifiestos en su defensa! En su demagogia barata te repiten hasta la saciedad que tienes que luchar por la profesión, que tú puedes cambiar la situación, buscan removerte la conciencia, cuando en realidad son ellos los que tienen la sartén por el mango y, no todos, pero acomodados en su rutina son los primeros que dejan de salir a la calle a por historias.

“Sabemos lo que significa contratar a periodistas sin remuneración o con un salario indigno”.

¡Y tanto que lo sabéis! Aceptáis que se firmen contratos basura y realizáis convenios con diversas instituciones en los que la primera cláusula es: “La empresa no está obligada a remunerar su actividad”. Por el sueldo de un redactor se contrata un buen rebaño de becarios, pero el 3 de mayo se leen manifiestos en los que un justo apartado está dedicado a ellos. Sinceramente, se me caería la cara de vergüenza si tuviera que ponerme mis mejores galas para predicar en contra de la precariedad laboral, y justo enfrente, las personas que trabajan gratis en tu empresa.

Está claro, la gente joven puede vivir del aire, pero también con 200, 300 o 400 euros. No tienen gastos porque no tienen cargas familiares. Tener un coche es un privilegio. Y les encantar la idea de vivir en casa de sus padres hasta los 30 años, que la comida de mamá está muy rica, y la de la abuela… Porque no, no quieren viajar, tampoco quieren independizarse y en su futuro la idea de formar una familia ni se contempla. Además, están en la edad de dar tumbos de un lado a otro.

“-QUE los Gobiernos y las instituciones no pueden mirar hacia otro lado cuando empresarios sin escrúpulos quieren convertir un espacio de libertad, como es un medio de comunicación, en un taller de esclavos ofreciendo empleos sin remuneración”.

Dicen que cuando el barco se hunde, solo se salvan las ratas. Ellos no miran hacia otro lado, en este país, empresarios y Gobiernos caminan de la mano para moverse al sol que más caliente. Los medios de comunicación son empresas, y como tales, además de contemplar entre sus objetivos la elaboración de un producto, tienen como otros fines el de mantenerse, la obtención de beneficios, así como la expansión de su actividad. El empresario busca rentabilizar su producción, en este contexto de crisis, busca subvenciones hasta debajo de las piedras, se vende al mejor postor publicitario sin pensar en si aquel redactor necesitará más o menos espacio para su reportaje.

En la era de la información, los políticos se valen de los medios para llegar a la población. Aprovechando que muchos de ellos dependen de las ayudas que les proporciona el Estado, saben que podrán mover los hilos según les convenga. Que si hay un mitin de Rajoy en Bilbao, hizo un pleno al 15, que si hay uno de Rubalcaba en A Coruña, “hubo que retirar hasta 100 sillas para evitar la sensación de vacío” (visto en los informativos de Antena 3 el sábado 13 de octubre). Round one: Fight! Está de moda dedicar un espacio televisivo a los “debates” electorales. Pero dicha contienda se queda en un pobre cara a cara entre PSOE y PP, será que el resto de las fuerzas políticas no tienen nada que decir.

En definitiva, entiendo el periodismo como algo más que una profesión y es triste ver cómo se degrada (lo degradan) cada día más y más. Aunque sea una de las principales lacras que asolan este mundillo, dejemos ya de echarle la culpa de la crisis del periodismo al empresario y empecemos a arreglar esto desde dentro. El futuro de la profesión está en las manos de los periodistas.  Es muy fácil escribir 140 caracteres predicando la libertad de prensa y el derecho a la información, cuando probablemente lo hagas desde un mullido sillón, en tu pecera particular de la redacción y no te falte en el bolsillo una bonita nómina. Son muchas las voces críticas, ¿cuántas hacen algo por cambiarlo?

Soy libre para escribir sobre los temas que me apetecen, los redacto en función de mis criterios y nadie me dicta que debo retirar tal o cual palabra para no ofender a ciertos apoderados, pobrecitos. Pero soy libre aquí, no en ningún medio. El periodismo democrático, digno y plural hace tiempo que baila al son de los proxenetas de la información.

A mercantilización dos sentimentos

Chismes e rumores sobre vodas, relacións, divorcios, infidelidades, disputas entre membros de familias distinguidas ou con outras familias, segredos inconfesables, intentos de suicidio, malos tratos e por riba de todo, a morte. Á hora de falar de sensacionalismo, atopamos un amplo abano de temáticas que conseguen reunir os ingredientes requiridos. En todas as situacións citadas anteriormente hai unha serie de clichés que se repiten, estes son: unha polémica, unha ou varias vítimas, moscardóns para avivar o problema e unha cámara que cun primeirísimo primeiro plano capte o momento exacto no que a bágoa asoma polo lacrimal.

Que a información é una mercancía, non é novidade. Os medios de comunicación son os axentes que se encargan mover os fluxos no mercado e tamén son os principais responsables do tipo de xornalismo, e o que non é xornalismo, que predican. Tampouco é novidade que, dependendo de se as noticias corresponden a un xornal, á radio ou á televisión, terán un ou outro tratamento, adaptando esa información ás necesidades e ás características propias do medio. Postos a elixir, escollemos para reflexionar e analizar o sensacionalismo á raíña cotilla por excelencia, a televisión, o medio escravo da denominada audiencia e o que ten por bandeira a máxima de o “todo vale”.

De circos e corrais

Facendo un repaso pola grella das cadeas podemos atopar o sensacionalismo en diferentes formatos televisivos. Dende os informativos, pasando polas mesmas retransmisións deportivas ata os produtos deseñados exclusivamente para sensacionalizar as novas. Basicamente, todos os formatos teñen un obxectivo principal, e ese é aumentar a audiencia, e non precisamente por motivos xornalísticos, senón por motivos puramente comerciais. Deste xeito, os valores do verdadeiro xornalismo quedan relegados a un quinto plano, máis ou menos, para dar paso a un auténtico circo da información, onde o contido é trivial e está coloreado con tintes morbosos e sensibleiros. Pero analicemos paso a paso cada formato.

Os informativos son a clase de programa que se lle presenta ao espectador como un produto serio e fiable, ou polo menos iso é o que a cadea pretende facer crer. Podemos establecer catro grupos de noticias perfectamente diferenciadas: os feitos especialmente destacables, as vítimas, comunidades en perigo e as conmemoracións.

Practicamente todos os telexornais das diferentes cadeas de televisión, soen ter unha mesma estrutura. Comezando pola información política, a non ser que teña lugar un feito excepcional, a poder ser catastrófico, deste xeito poderemos abrir o informativo por todo o alto. Tras facer un repaso polas noticias máis polémicas, pasamos aos sucesos e ás vítimas que, ao fin e ao cabo, iso é o que vende. Malos tratos, desaparicións, roubos e unha longa lista de desgrazas que nutren o día a día televisivo. Pero hai algo que está por riba de todas elas e é o único que non ten remedio, a morte.

Ela pasa a ser, en moitas ocasións, a invitada de honra nos platós, é o espectáculo televisivo por excelencia. Cando algún personaxe distinguido, famoso ou celebridade morre, lévase a cabo o circo da dor, pero a morte non pode darse de calquera xeito, un infarto, causas naturais ou enfermidade, non nos valen. O que dá audiencia son as mortes por inxesta de analxésicos, suicidio, drogas … Deste xeito, temos material e material para emitir durante meses, entre que facemos un repaso da vida do personaxe en cuestión, entre que traemos a amigos e inimigos aos platós, así como destripar todos os trapos sucios habidos e por haber. Pero iso queda mellor para os corrais que montan certas cadeas.

Volvendo aos informativos, é importante sinalar que a televisión como elemento de entretemento, require pouco esforzo para entender as súas mensaxes, actúa como substitutivo de actividades que requiren maior reflexión, neste senso hai que destacar que a velocidade á que se nos presentan os acontecementos, enlazados un tras outro, non lle permite á mente analizar detidamente o que acaba de visualizar, de xeito que constantemente estamos tragando contidos e non reparamos nin no tratamento morboso que se lle dá aos sucesos, nin nas trivialidades nas que se caen á hora de presentar unha información supostamente seria e que se vende como de calidade.


Os programas que están exclusivamente deseñados para isto, creo que xa non teñen que ser nin estudados. Todos sabemos cales son e o que se vende neles, pero si ben é certo que nas súas orixes presentouse coma un formato novidoso e atractivo para a programación da televisión, co paso do tempo estamos chegando a uns niveis de auténtico deterioro. O que nun principio foi creado para ser un mero entretemento converteuse no negocio do século para a gran industria da televisión, onde o escenario xa non é un plató, e onde a titulación dos tertulianos é o que menos importa.

Pero a televisión é audiencia, e en definitiva, a audiencia o que busca é un refuxio para evadirse da realidade, así que, quen é o verdadeiro culpable de que o medio potencie certos programas que acaparan toda unha franxa horaria?

Crise de valores

Se son sincera, direi que hai tempo prometín que non volvería acender o televisor. Primeiro, porque non soportaba xa a saturación da grella con programas basura, segundo, porque non quería ser contribuír ao minuto de ouro destes “programas” e terceiro, porque sentía vergoña allea e indignación ao ver que os valores que predominan son o escandaloso, o enfrontamento persoal, os insultos e a  denigración, e mesmo chegar á agresión dun dereito tan básico como é a intimidade, mediante a invasión das vidas persoais dos participantes nestes circos mediáticos.

Asistimos, polo tanto, a unha crise de valores nesta sociedade que cada día vese máis agravada pola mercantilización de sentimentos. E quen é máis culpable, os espectadores por darlle audiencia a este tipo de programas ou os que se prestan a participar neles? Aínda que é un exemplo repetitivo ata a saciedade, non podo deixar de nomear todas as feiras de rumores que se forman ao redor dos deportistas e as súas relacións. Un ámbito no que o que se debería priorizar os méritos da persoa, reléganse a un segundo plano para deixar paso a un cartel estrela cunha longa lista de amantes.

Agora que estamos en plena Eurocopa, non atopo mellor exemplo que o da case  xornalista Sara Carbonero e o porteiro da selección española, Iker Casillas. Estes dous personaxes confirmaban a súa relación cun bico que moitos describiron de película diante das cámaras que cubrían o Mundial do 2010. Dous anos despois, as continuas humillacións por parte dos que se fan chamar compañeiros da presentadora, continúan. Non vexo lóxico que nunha retransmisión dun evento futbolístico, no que o protagonista debería ser este deporte, se estea apelando continuamente a aspectos da vida privada, neste caso, da propia presentadora. Pero supoño que, por outra banda, ela é consciente de en que medio traballa e ao que se expón no momento no que es unha personaxe pública, así que non teño pena ningunha.

“Para ser xornalista non fai falta estudar a carreira, entras en Gran Hermano e tes chollo asegurado”. Cantas veces non terei escoitado isto. Como ben sinalaba con anterioridade, a titulación neste tipo de programas é o de menos, tan só hai que saber gritar, cuspir insultos coma o que máis, ou ter unha relación con tal ou cal famoso, mesmo podes finxir ou inventar que a tiveches.

A dignidade? Nestes tempos que corren, quen lembra o que é? Algunhas, a única carreira que teñen nesta vida é a de ter unha filla cun toreiro. Outros preferimos gañar o pan co esforzo do noso traballo, pero supoño que eses somos os parvos. Hai uns días a España rescatábana economicamente, pero como ben sinalaba o xornalista Ignacio Escolar, “España precisa de un segundo rescate, un rescate moral”.